16 y 17 de septiembre de 2017
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Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Editorial Nº18 | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Editoriales

Editorial N°18

por Lucas Leserre

Editorial N°18

Esta gacetilla cuenta con una ventaja princeps: un testimonio de pase de Gabriela Grinbaum donde desenreda la siguiente pregunta: "¿Qué ocurre cuando aquel punto de vista sobre lo real produce tal fascinación que el sujeto no quiere salirse de él?".

Desde esta pole position nos largamos a recorrer luego tres lugares bien distintos: la babel de una conversación en red sobre mutaciones-toxicomanías a cargo de Elvira Dianno, donde las preguntas ocupan el centro de la escena y las certidumbres fueron abandonadas; una cita de Lacan de El Seminario 10 La angustia sobre lo que nos mira, y finalmente la invitación a participar de un encuentro con un artista, Bill Viola, quien utiliza un recuerdo de la infancia para crear una obra fascinante The dreamers. Ver esta intervención y escuchar el análisis de su creador es una experiencia muy sugestiva. Las resonancias freudianas aparecen como un hilo conductor, recuerdos, sueños y finalmente el agua como espejo de la imagen de sí mismo.

Viene al caso la etimología del término fascinar: del verbo latino fascinare (encantar, hechizar). Este verbo se deriva de la palabra fascinum, que significa encantamiento, hechizo, embrujo, y que comúnmente también pasó a designar a un amuleto en forma de falo que frecuentemente llevaban las personas para protegerse contra el mal de ojo.

El fascinum tiene su lugar en la enseñanza de Lacan cuando en El Seminario 11 habla del mal de ojo: "Este tiempo de la mirada terminal, que concluye un gesto, esta para mí estrechamente relacionado con lo que digo luego del mal de ojo. La mirada en sí, no solo termina el movimiento, también lo fija. Miren esas danzas que les mencionaba, siempre están marcadas por una serie de tiempos de detención en que los actores se detienen en una actitud bloqueada. ¿Qué es, por lo tanto, ese tope, ese tiempo de detención del movimiento? No es más que el efecto fascinador –se trata de despojar al mal de ojo de la mirada, para conjurarlo. El mal de ojo es el fascinum, es aquello cuyo efecto es detener el movimiento y, literalmente, matar a la vida. En el momento en que el sujeto se detiene y suspende su gesto, esto mortificado. El fascinum es la función antivida, antimovimiento, de ese punto terminal, y es precisamente una de las dimensiones en que se ejerce directamente el poder de la mirada. El instante de ver sólo puede intervenir aquí como sutura, empalme de lo imaginario y lo simbólico, y es retomado en una dialéctica, ese tipo de progreso temporal que se llama la prisa, el ímpetu, el movimiento hacia delante, que concluye en el fascinum"[1].

En la sucesión de cuatro palabras: fantasma, prisión, fascinación y transformación se entreteje la cosa que tenemos entre manos, y que se anudarán de diversas maneras en nuestras Jornadas.

NOTAS

  1. Lacan, J. (1964) Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, El Seminario de Jacques Lacan, Libro 11. Buenos Aires. Paidós. 1987, p. 124.
XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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