16 y 17 de septiembre de 2017
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Fantasmas, ficciones, mutaciones

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Presentación del Seminario 6 | XXVI Jornadas Anuales de la EOL
Lecturas | Textos de Orientación

Presentación del Seminario 6 de Jacques Lacan *

por Jacques-Alain Miller

He aquí un libro que, en la edición que acabo de procurarme, cuenta con 600 páginas y se divide en 24 capítulos. Este grosor vuelve difícil resumirlo en tanto que todo su valor reside en el análisis de los detalles. Además este libro, como otros libros del Seminario, no es un tratado. No constituye la exposición de una concepción acabada. No es un texto en el cual el final sería contemporáneo del comienzo. Es un texto que requiere ser leído teniendo en cuenta su materia temporal, hecha de una sucesión de tomas de palabra semanales a lo largo de un año universitario. Hay entonces, de una lección a la otra, avances, correcciones, cambios de perspectiva que requieren ser subrayados, anotados, precisados cada vez. Y hay fórmulas de Lacan, a veces tajantes, que parecen definitivas y que no serán retomadas por él ni en un seminario ni en un escrito. Se trata entonces de saber cada vez, para quien lo lee, si aquello que se lee es una perla, un término que vale la pena subrayar y propagar, desarrollar o, si al contrario, es accesorio [1], un deslizamiento que enseguida es corregido. Y hojeando una vez más, de nuevo, este seminario, esta vez bajo la forma de un libro, me di cuenta hasta qué punto la pregunta podía ser planteada para muchas frases, incluso palabras. Cuando Lacan define aquí o allá un término de manera excepcional, ¿hay que acentuarla en nuestra reflexión?, ¿debe éste ser retomado porque Lacan habría allí develado un aspecto desconocido o se trata de un deslizamiento, de una deriva que es enseguida corregida? Y el ejercicio de lectura de un seminario, para quien lo lee, para quien lo redacta -habiéndolo redactado, yo también lo leo y continúo leyéndolo- consiste en saber que de un momento a otro la perspectiva se transforma, se desplaza, y que correcciones usualmente tácitas se han operado. Entonces aquí, en esta masa de significantes, voy a extraer un hilo, uno solo. Este hilo que, al inicio del seminario, es muy fino. Al principio del seminario este hilo está perdido en una madeja, pero a medida que progresa la elaboración, este hilo se ensancha y finalmente se vuelve una cuerda que no podemos desconocer más. Nadie puede desconocerlo. Este hilo es el del fantasma.

Este seminario se titula El deseo y su interpretación y es en efecto en la cuestión de la interpretación del deseo que toma su punto de partida, y a medida que el seminario progresa se revela como otro. Se transforma de manera continua. Tal como vemos en las figuras topológicas, cambia de forma sin desgarrarse. Y al final, libra una configuración sensiblemente diferente, muy diferente incluso, de lo que ella es al principio. No conocemos libros de este tipo. En todo caso, por el momento, no veo ninguno comparable. Tenemos otros comparables en el Seminario de Lacan, pero este libro es de todas maneras una suerte de libro muy especial. Para ir rápido diría que este seminario contiene, elabora, la primera lógica del fantasma que Lacan ha construido. Vendrá más tarde el Seminario 14 que llevará el título de La lógica del fantasma. Esta segunda lógica del fantasma, la verdadera si se quiere, será adosada a este artículo de Lacan que, debo suponer, ha sido estudiado por muchos aquí y que se llama "Posición del inconsciente" y que Lacan comentó en su Seminario 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, a partir de la pareja de la alienación y de la separación. En una nota de la edición de los Escritos, Lacan señala que este escrito "Posición del inconsciente" constituye el complemento y casi un nuevo comienzo de lo que había abierto con su texto inaugural "Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis". Me había interrogado antaño sobre el valor eminente que Lacan daba a este texto que se encontraba redactado al  momento en que pronunciaba su Seminario 11 y que, en el curso de su seminario, incluyó en sus comentarios.

El Seminario 6, como primera lógica del fantasma, permanece en el hilo de "Función y campo de la palabra…" y se centra progresivamente en la fórmula que Lacan da al fantasma $◊a. Esta se escribe "S" mayúscula con una barra, un rombo -que nosotros llamamos punzón- y el pequeño a que es una letra "a" minúscula en itálicas. Podemos de entrada completar la palabra fantasma con un adjetivo que viene a su lugar esencialmente en el capítulo XX, en la página 405, el adjetivo "fundamental". Esta expresión ya ha figurado bajo su pluma, en particular en el escrito que precede exactamente el Seminario 6, a saber "La dirección de la cura…". Pero "La dirección de la cura" es un informe que ha sido entregado en julio del 58 y Lacan comienza su Seminario 6 en noviembre del mismo año. El Seminario 6 prolonga entonces el tema de "La dirección de la cura…". En particular, prolonga la conclusión del texto que trata precisamente sobre la interpretación del deseo. Entonces, es en este hilo que el Seminario 6 se inaugura. Lo que es afirmado al final del escrito es problematizado al principio del Seminario 6 que toma el relevo. Lacan concluye su artículo y, en el mismo hilo, vuelve a abrir la pregunta y precisamente la desplaza. En "La dirección de la cura…" encontramos ya dos veces la expresión de "fantasma fundamental", que en este mismo escrito no tiene aún precisión. Encontramos esta precisión solamente en el Seminario 6. La expresión "el fantasma fundamental" me pareció tener el mérito de ser propuesta como título de este capítulo XX y el fantasma fundamental sólo se dice en singular.

¿En qué es fundamental? Es una pregunta que antaño me había hecho y que nos habíamos planteado en un cierto círculo y no disponíamos en ese momento de un texto que nos permitiera decidir sobre el valor a darle a este adjetivo "fundamental". ¿En qué es fundamental? Creo que se puede aportar ahora esta respuesta: en que es mínimo, es decir que se escribe con los dos términos de la fórmula y la relación de doble entrada que une los dos términos. Esta relación es de doble entrada ya que puede leerse en un sentido y en el otro. Estos dos términos y la relación de doble entrada que los une, se supone que da la estructura mínima del fantasma. Me parece que se puede decir que es una estructura mínima del fantasma en el sentido en que más tarde Lacan dará a la estructura mínima de la cadena significante al escribir S1-S2. Es tanto más justificado acercar estas dos estructuras mínimas ya que más tarde Lacan las reagrupará, las articulará en la fórmula del discurso del amo, punto de partida, bosquejo, del cuarteto de los discursos. Incluso antes de la escritura memorable de este discurso del amo, ya encontramos adjuntadas, desde el Seminario 11, estas dos parejas de términos mínimos.

En esta misma página 405, Lacan presenta esta fórmula mínima como la forma verdadera de la pretendida relación de objeto y allí, no es un hápax, no es dicha una sola vez sino varias veces en el curso de este seminario. La verdadera relación de objeto, que fue el tema del Seminario 4 de Lacan,  se encuentra a nivel del fantasma. Es una aserción que no se debería admitir como obvia. Quiere decir, en el sentido de Lacan, que la relación de objeto no se sitúa a nivel de la pulsión. ¿Por qué? Porque, en el fondo, en esa época no existe propiamente en Lacan el objeto pulsional. En esa época, en la elaboración de Lacan, la pulsión tiene el estatuto de una demanda y de una demanda que es tanto más imperativa porque es inconsciente. Como demanda, no se liga a los objetos sino a los significantes. Existen a veces variaciones de Lacan sobre este punto pero creo poder decir que la pulsión, en el Seminario 6 como en "La dirección de la cura…", designa una relación inconsciente al significante y no al objeto. La relación al objeto no se sitúa a nivel de la pulsión sino del deseo, y esto es a través del fantasma. Es así como, en su grafo, Lacan hace de la pulsión el vocabulario o más precisamente el código -que es el término que utiliza en ese momento- de la demanda inconsciente que escribe $◊D; mientras que el fantasma se escribe $◊a, siendo "a" el objeto. Dicho de otro modo, y curiosamente para aquellos que siguen el curso de la enseñanza de Lacan y que a veces han entrado en la enseñanza de Lacan por su última enseñanza, con la pulsión tal cual se presenta cuando se lee el Seminario 6, no salimos del significante. Es únicamente con el deseo que tenemos una relación al objeto a través del fantasma. Y de una cierta manera, creo que mientras Lacan no admita objetos que no sean imaginarios, no habrá objeto propiamente dicho sino en el fantasma. Esta página no se pasa sino hasta el final del Seminario 6. Al mismo tiempo que da vuelta la página, Lacan deja de lado su grafo de dos pisos que supone esta distancia entre pulsión y fantasma. Mientras Lacan no admita objetos que no sean imaginarios, mientras no admita sino objetos procedentes del estadio del espejo, mientras no admita sino objetos derivados de la imagen del otro, es decir de la imagen del cuerpo propio, el objeto es el del fantasma. Entonces, la dificultad para quienes leerán el Seminario 6 habiendo sido formados en la enseñanza posterior de Lacan, es la de ponerse en una posición de lectura y de estudio que implique que este seminario se elabora dentro de la distancia entre pulsión y fantasma, e incluso en una distancia tan grande que el fantasma eclipsa a la pulsión.

Es únicamente al final que Lacan da una suerte de golpe de timón a través de un movimiento brusco que se produce alrededor del capítulo XXII. En este hilo, comenzamos a ver a la pulsión retomar sus derechos y a ser evocado un estatuto del objeto que es real, el objeto como real. Y esto quedará tan poco asegurado que, aún el Seminario 14 La lógica del fantasma o tal vez en El objeto del psicoanálisis, no tuve tiempo de verificar, Lacan sorprenderá a su auditorio diciendo que el estatuto del objeto a es un estatuto real y esto figura, si se quiere, en estas líneas del Seminario 6. En el fondo, este viraje es tal que no ha sido registrado por el auditorio de Lacan y él mismo no lo ha consolidado, en tanto su concepción del objeto durante años ha permanecido enraizada en lo imaginario y precisamente en la relación especular, en el estadio del espejo, en la relación del yo y del pequeño otro. Aquello que podemos anotar de este viraje no será entonces desplegado y sancionado sino años más tarde. Evidentemente los llevo a otra época, es decir al fundamento mismo de los discursos que sostenemos. No sé si exagero diciendo que el término de fantasma, por ejemplo en el coloquio que tuvimos, habría podido ser tomado por muchas evocaciones clínicas llevadas a cabo; el término de fantasma, al contrario, ha caído en desuso. Es decir que este seminario debe leerse no solamente como el testimonio de una época pasada, sino que además se deben reencontrar algunos fundamentos de nuestro propio abordaje en este seminario; así nos encontraremos dándole de nuevo colores o precisiones a nuestras evocaciones clínicas de hoy. Por lo que he oído de los debates que han tenido lugar acerca del género y de las aspiraciones de algunos individuos al cambio, del que François Ansermet notaba con justeza que en el fondo hay una certeza, en efecto existen, si puedo decir, 50 sombras de certeza -para retomar el título de una novela-, y es cierto que para precisar estas sombras, referirse al fantasma sería de la más grande utilidad en la precisión de nuestras construcciones.

Es por un movimiento inverso que, más tarde, la pulsión reencontrará su lugar y se adjuntará al fantasma, que el objeto será reconocido como del orden del registro de lo real y que en la última enseñanza de Lacan fantasma y pulsión serán fusionados en el sinthome como modo de gozar. Dicho de otro modo, el ballet que esbozo entre fantasma y pulsión tiene un gran futuro en la enseñanza de Lacan, al punto que los dos términos van a confundirse en el uso que Lacan hará del término de sinthome. Entonces, cuando uno se ha introducido a Lacan por su última enseñanza, es necesario un esfuerzo para enfocar la vista sobre el Seminario 6 y para poder ser enseñado por la perspectiva que éste propone sobre la experiencia del deseo.

La experiencia del deseo es un término que Lacan emplea en el seminario. Para no dejarlo en el vacío voy a dar un ejemplo. El primer ejemplo sería el recurso que el sujeto tiene al fantasma cuando tiene que vérselas con la opacidad del deseo del gran Otro; esta opacidad, su ilegibilidad, tiene por efecto el hilflosigkeit freudiano, el desamparo del sujeto. Entonces, el sujeto recurre al fantasma como defensa. No es dicho por Lacan sino una vez en el seminario, pero es una vez que hay que subrayar. Que el sujeto recurre al fantasma como defensa quiere decir que toma recursos del estadio del espejo que le ofrece toda una gama de posturas, del triunfo a la sumisión, y es entonces, dice Lacan en la página 28, que "el sujeto se defiende con su yo". Es una experiencia tal que permite hablar del uso del fantasma que hemos retomado a continuación. Hay que ver que eso se enraíza exactamente en este punto: el uso del fantasma como una defensa frente a la opacidad del Otro y esta experiencia permite hablar del uso del fantasma porque está instrumentalizado, hablando propiamente, con el fin de precaverse del desamparo. Lo que Lacan llama en ese seminario la experiencia del traumatismo queda marcado por el recurso al fantasma.

Christiane Alberti y Marie-Hélène Brousse han dado -en los documentos que difundieron para preparar las próximas Jornadas de la ECF sobre el tema del traumatismo- las referencias al traumatismo en el Seminario 6. Teniendo en ese momento el seminario en mi computadora, todos los capítulos anexos, no tuve sino que consultar la palabra traumatismo o trauma y, gracias a la computadora, pude comunicarles todos los resultados. Podemos contar entonces con que en las Jornadas -hay suficiente tiempo entre hoy y las Jornadas de la ECF para que aquellos que van a participar allí tengan tiempo de leer el Seminario 6-, no omitan, tratándose del trauma, dar su lugar al uso del fantasma y en particular al uso del fantasma como defensa. Me dicen que los 500 ejemplares que habían sido traídos aquí como primicia, ya que por el momento ninguna librería en Francia los tiene aún, han sido vendidos. Podemos contar con que el interés se mantendrá por las construcciones de Lacan de épocas anteriores porque en el fondo las nuevas construcciones de Lacan no anulan las antiguas, las prolongan. Pero a veces las nuevas perspectivas borran los relieves que las antiguas ponían en evidencia y creo que en lo concerniente al fantasma, ese es el caso. Aun cuando el fantasma haya sido relanzado por el Seminario 14 que es La lógica del fantasma, es un término -creo que nuestro coloquio es la prueba al respecto- que ha caído un poco en desuso y que va a encontrar sus colores después del estudio de este seminario y, en todo caso, después del hilo que propongo.

Acercaría este pasaje de la página 28 de otro de la página 100 donde Lacan aísla aquello que él llama "el punto pánico" del sujeto. Allí, el término de "punto" no es una negación [2]. El punto señala aquello que se obtiene cortando normalmente dos líneas. Este punto pánico del sujeto es ese, dice Lacan, donde el sujeto se borra detrás del significante. No se debe entender por este borramiento que el sujeto está identificado sino que está como borrado: es el punto en el que no puede decir nada más de sí mismo, en el que está reducido al silencio y entonces se agarra al objeto del deseo. Es la misma lógica del fantasma que opera a nivel del inconsciente en donde el sujeto no tiene la posibilidad de designarse a sí mismo, en donde está confrontado a la ausencia de su nombre de sujeto. Es entonces al fantasma al que recurre y es en su relación al objeto del deseo que reside la verdad de su ser. El Seminario 6 explora un campo poco explorado que se encuentra más allá del significante y que es designado como el del fantasma. Está articulado, dice Lacan, a partir de una conciliación entre lo simbólico y lo imaginario. Esta conciliación es puesta en evidencia en la escritura misma $◊a. El objeto a viene de lo imaginario, es tomado en préstamo del estadio del espejo, del reflejo de la relación especular, mientras que el sujeto barrado es el sujeto del significante, el sujeto de la palabra. Los dos elementos de Lacan aquí se encuentran entonces conciliados. Sabemos que Lacan dará más tarde en el Seminario 9 sobre La identificación una articulación topológica de esta reunión de dos elementos heterogéneos, pero podemos decir que, en referencia a la enseñanza posterior de Lacan, este campo del fantasma funciona como un real. Este término de real va a imponerse progresivamente en la última parte del seminario.

Es así, manifiestamente, la primera parte del seminario que está esencialmente consagrada al análisis del famoso sueño del padre muerto. Les recuerdo el texto de este sueño, que Freud incluyó al comienzo en sus "Formulaciones sobre los dos principios del acaecer psíquico" y que integró luego en "La interpretación de los sueños". El padre, aún con vida, habla a su hijo que es el soñante. El hijo tiene el sentimiento doloroso de que su padre ya ha muerto pero el padre no lo sabe. Lacan detalla, incluso en su grafo, cómo Freud trata el sueño por el significante y lo interpreta restituyendo las cláusulas que estima están suprimidas por el texto del sueño y en particular por el famoso "según su deseo". Existe el tratamiento de este sueño por Freud que Lacan retoma y el tratamiento de este sueño por Lacan. Lacan trata esencialmente este sueño por el objeto y no por el significante, y tratando el sueño por el objeto -lo verán en particular en la página 70- él implica el fantasma en el sueño. Hace la pregunta: ¿Esta confrontación del padre y del hijo esta escena estructurada, este guion, qué es? ¿Es un fantasma? Otras preguntas están formuladas allí, pero una respuesta que viene, dicha una vez por Lacan, es que se trata efectivamente de un fantasma. Él enuncia aquí que nos encontramos frente a un fantasma del sueño. Lacan está entonces llevado, en la interpretación del soñar, no a proceder al análisis significante sino a asumir la representación imaginaria que ofrece el sueño y a calificarla de fantasma, una categoría de fantasma que es el fantasma del sueño. Admite que un fantasma haya pasado al sueño. Esto tiene sentido precisamente porque estamos a nivel de representaciones imaginarias, al punto que Lacan puede decir que este fantasma puede conservar la misma estructura y la misma significación en otro contexto que ya no sea de verneinung sino de verwerfung, que ya no sea de denegación sino de forclusión, que ya no sea sueño sino psicosis. Dicho de otro modo, tenemos aquí el inicio de una gradación, de una gama de matices del fantasma donde tienen el fantasma del sueño pero también tienen el fantasma en la psicosis. Mutatis mutandis, da un ejemplo impresionante: se tiene en la psicosis el sentimiento de estar con alguien que está muerto pero que no lo sabe. Dicho ahí de otro modo, la unidad del fantasma puede desplazarse del sueño a la psicosis. Agrega incluso que después de todo, esto puede darse también en la vida cotidiana cuando se frecuenta gente momificada con la que se tiene el sentimiento de que ellos no lo saben pero que ya están agotados. Se puede pensar que allí él tiene en mente a aquellos que son entonces sus adversarios en psicoanálisis. La conclusión de la interpretación freudiana es que este sueño es evidentemente un sueño edípico y que el deseo último del sueño edípico está en relación al padre, es el sueño de la castración del padre. Y bien, ¡nada de eso! Esta conclusión no es la de Lacan ya que él considera que el fantasma, concebido como la respuesta última al punto pánico, va más allá del sueño edípico. Vemos que el Edipo está aún en el campo del significante y que Lacan piensa que con el fantasma se toca algo más allá inclusive de lo concerniente al Edipo. Él lo dice: el fantasma aquí va más allá del deseo edípico. Ustedes pueden leer esto en la página 110. Más esencial, más profundo que el sufrimiento del hijo, hay una confrontación a la imagen del padre como rival, como fijación imaginaria. Dicho de otro modo, la interpretación última verifica el fantasma, verifica la presencia irreductible de la imagen. Se puede decir que esta función de resto es justamente el índice del real del que está afectada esta imagen. Existe siempre en un sujeto un punto pánico, podemos decir, en tanto que hay en la relación del sujeto al significante un impasse esencial que hace que, cito a Lacan en la página 119, "no hay otro signo del sujeto que el signo de su abolición como sujeto", y es por esto que se aferra al objeto imaginario.

La segunda parte del seminario está constituida por la revisión de un sueño analizado por la psicoanalista inglesa Ella Sharpe. Allí encontraran una dialéctica entre sueño y fantasma. Les recuerdo el episodio que precede al análisis del sueño y la comunicación del sueño al analista: el sujeto tiene la costumbre, desde hace algún tiempo, de toser antes de entrar en el consultorio del analista. Les reenvío a las páginas 166-167. El sujeto se refiere a un fantasma que tuvo y Lacan valida en efecto que se trata de un fantasma. Aquello que se trata de analizar, dice él, es el fantasma pero sin comprenderlo, es decir, encontrando allí la estructura que revela. En el capítulo X Lacan procede a una consulta metódica del fantasma y del sueño, y encuentra entre fantasma y sueño, páginas 195-196, una estructura simétrica e inversa. Esta dialéctica del fantasma y del sueño es tan persistente que, en la página 250, anota que se puede distinguir el nivel del fantasma y el del sueño: "También cabe decir que hay fantasma por los dos lados: los fantasmas del sueño y los del sueño diurno". Dicho de otro modo, la expresión fantasma del sueño se encuentra allí por segunda vez en el seminario y es lo que les invito a encontrar en la lectura. Esta dialéctica del sueño y del fantasma hace la especificidad de los análisis del sueño que encontramos en este seminario que los desplaza completamente respecto de los que encontramos, por ejemplo, en el Seminario 5. La originalidad de estas interpretaciones del sueño está en que implican el fantasma y esta categoría singular del fantasma que es el fantasma del sueño. Vemos aquí un cierto dinamismo de la categoría del fantasma: a partir del momento en que hay representación hay fantasma y, en la misma línea, podríamos decir que el sueño es fantasma. Lacan irá aún más lejos al decir que la realidad es fantasma. Esta categoría tiene un gran dinamismo y nuestro uso no explota su vitalidad propia, su vitalidad conceptual propia, que se muestra aquí con toda su evidencia. Anoten, en las páginas 251-252, que la última palabra de la interpretación del sueño que Lacan propone trata del sueño del paciente de Ella Sharpe. Ella Sharpe analizó este sueño de manera muy completa y Lacan lo sobreinterpreta. La sobreinterpretación lacaniana de este sueño es un fantasma y es con respecto a un fantasma que se termina esta parte del seminario, páginas 254-255.

Seguidamente, están las "Siete clases sobre Hamlet" que no voy a retomar. Es claro que en esa ocasión Lacan extiende el concepto de objeto a más allá del otro imaginario; admite que toda una cadena, todo un guion, puede inscribirse en el fantasma y reconoce al mismo tiempo el objeto siendo el elemento estructural de las perversiones, lo cual abre a la distinción clínica entre el fantasma en la neurosis y en la perversión. En las páginas 348-349 el criterio que Lacan resalta es el tiempo. El fantasma de la perversión está fuera del tiempo, digamos simplificando; y el fantasma de la neurosis está, al contrario, sostenido por la relación del sujeto con el tiempo, en este caso el objeto se carga de la significación de la hora de la verdad. Es lo que aparece en el fenómeno bien conocido de la procrastinación de Hamlet. En Hamlet y a través de las lecciones sobre Hamlet, el fantasma está indicado como el término de la pregunta del sujeto, como el lugar donde la pregunta del sujeto sobre su deseo encuentra una respuesta, es decir como el nec plus ultra del deseo. Es allí que Lacan determina el lugar en donde para él se jugará el fin del análisis cuando habrá definido el pase. Hay una cierta paradoja en que, en nuestra clínica, el término de fantasma se haya encontrado en cierto modo borrado cuando al mismo tiempo nos apasionamos por identificar y cernir el fin del análisis, como si, por una escisión, reserváramos la pregunta por el fantasma para el fin del análisis y lo obliteráramos del lado de la clínica. Es el lugar en donde se jugará para Lacan el fin del análisis cuando definirá el pase como la solución al impasse esencial del sujeto en su relación al significante. En Hamlet, ustedes verán también que el fantasma juega un rol esencial. Hay dos personajes que vienen a jugar el rol esencial del objeto a: el personaje esperado, Ofelia, objeto sublime del deseo que se encuentra después, por una oscilación, como objeto degradado, pero también Laërte, su hermano. Lacan acentúa, puntúa el momento en el que este hermano, habiendo saltado a la tumba excavada para su hermana, es alcanzado por Hamlet que se enfrenta aquí a este personaje como a su doble. Dicho de otro modo, hay que releer las siete lecciones sobre Hamlet que están enmarcadas por estos dos surgimientos esenciales del fantasma.

La última parte, que cuenta con ocho capítulos, nos permite discernir lo que aquí ha llevado a cabo Lacan. Él explica en efecto en el capítulo XX, que es el primero de ésta última parte, el del fantasma fundamental, que éste es un límite de la interpretación tal como él mismo lo había propuesto como conclusión en su artículo La dirección de la cura, lo cito en la página 398, a saber: "Todo ejercicio de interpretación tiene un carácter de remisión de anhelo en anhelo". Tenemos una sucesión de deseo y es lo que ha quedado de los análisis, por ejemplo, del sueño de la Bella Carnicera, etc. Este es precisamente el efecto de reenvío indefinido del deseo. Lo que se retoma en el Seminario 6 es lo que se retoma de la pregunta de saber cómo interpretar el deseo si el deseo es esencialmente metonímico. Ahora, aquello que es formulado en el escrito de "La dirección de la cura…", que es aquel sobre el cual Lacan ha conectado su Seminario, es de hecho que el deseo no tenía, hablando con propiedad, un objeto. El deseo, tal como figura en "La dirección de la cura", que constituye incluso la quinta y última parte de este artículo, este deseo en el fondo es definido -en ese caso se trata de una cita- como "metonimia de la falta en ser" [3]. Antes del Seminario 6, el deseo estaba precisamente formulado como absolutamente insustancial en tanto repercusión de una falta. Es por esto que Lacan había fijado esta imagen de San Juan de Leonardo, a menudo comentada, el dedo elevado siempre hacia otra parte. Esto nos detenía sobre una definición de la interpretación, que interpretar es hacer signo hacia otra parte y que entonces la alusión es el modo enunciativo privilegiado de la interpretación. Esto es precisamente lo que el Seminario El deseo y su interpretación  repele y contesta, estableciendo al contrario que el deseo implica una relación al objeto por el rodeo del fantasma y que es posible, en este Seminario, interpretar el fantasma. Incluso, que el fantasma es él mismo interpretación del deseo a condición de partir de la diacronía del deseo, de la sucesión, recogiendo al mismo tiempo la sincronía; éste el valor de la fórmula $◊D. Lacan propone estos dos registros, la diacronía y la sincronía. Se ve claramente que privilegió el aspecto metonímico del deseo pero lo completa con la sincronía que es articulada en la relación del sujeto barrado y el objeto a. Entonces, si los envío a las páginas 416 a 420, encontrarán allí la lógica del fantasma tal como es desplegada y articulada en este Seminario. Primeramente, el sujeto encuentra en el Otro un vacío articulado. Este vacío es aquel que está definido por la negación, no hay Otro del Otro, que desmiente una categoría que había sido creada en el Seminario 5 y deja al sujeto sin índice de nominación. Segundo, el sujeto obtiene entonces del registro imaginario -es el uso, la instrumentación del imaginario- una parte de sí mismo comprometida en la relación imaginaria, en la relación especular al pequeño otro. Tercero, este objeto tiene una función de suplencia en  relación a la carencia esencial del significante. Es entonces que Lacan se interesa en aquello que es propiamente la estructura del sujeto y la encuentra en el intervalo de la cadena significante, en el corte, y el corte será en el fondo la última palabra de este seminario.

Pero lo que es y que debe crear una sorpresa a quien ha atrapado la coherencia de la construcción de Lacan hasta entonces, es que en el capítulo XXII, cuando Lacan cuestiona nuevamente lo que tiene que ver con el hombre-objeto que corresponde al sujeto-corte, convoca al objeto pregenital que ha permanecido todo el seminario completamente ausente del registro fantasmático. El objeto pregenital, en todo el Seminario, ha sido abandonado a la pulsión y considerado esencialmente como un significante. Se encuentra aquí implicado en el fantasma en tanto que objeto de corte y hay allí un golpe de timón sensacional que Lacan da a la orientación del Seminario como si nada. Se descubre que este objeto a no está solamente enraizado en lo imaginario, sino que es también el seno del destete en tanto que objeto de corte, es también el excremento que es expulsado y cortado del cuerpo y Lacan añade allí la voz, y especialmente la voz interrumpida y todos los objetos de estructura fálica que están implicados en la estructura de corte a través de la mutilación y de la estigmatización. Entonces, de manera sorprendente, con un efecto de corte esta vez, en el capítulo XXII vemos volver a venir lo real puesto que los objetos pregenitales que son aquí los objetos del fantasma, Lacan se pregunta qué pueden ser aquí estos objetos pregenitales -que son los objetos del fantasma- sino objetos reales. Y he ahí, de repente, una nueva orientación tomada. Él señala que son objetos reales que están en estrecha relación con la pulsión vital del sujeto. No volverá sobre ello pero es ya aquí que se introduce la función del goce que prepara la función a través de la cual Lacan dará cuenta de la construcción de este Seminario dos años más tarde, cuando dirá que el Yo (Je) inconsciente está a nivel del goce. A partir de aquí Lacan estudia, con una precisión clínica que no tiene equivalente en otro lugar, el fantasma perverso en el pasaje al acto del exhibicionista y del voyeurista, y lo compara con lo que es el fantasma en la neurosis.

La última palabra del Seminario es que el corte sería sin duda, dice Lacan, el modo más eficaz de la interpretación, a condición de que ésta no sea mecánica. Es también el corte que hace unión entre lo simbólico y lo real, tal como al inicio del Seminario era al fantasma al que le correspondía hacer el lazo entre lo simbólico y lo imaginario. Para Lacan, esto es reanudar el inicio de su enseñanza con el Seminario consagrado al "Más allá del principio del placer" y a la estructura de la cadena significante, donde ya aparecía que lo simbólico encuentra su fundamento en el corte. Simultáneamente, el final del Seminario del deseo da paso al de "La ética del psicoanálisis" que tendrá como punto de partida el instante de lo real. Este será también un Seminario que dará por sentado el lazo entre fantasma y pulsión, condición para que pueda emerger la instancia del goce como tal.

Terminaré leyendo un pasaje del último capítulo del Seminario del deseo que está extrañamente en consonancia con aquello que se produce delante de nuestros ojos este año, a saber la reorganización de los conformismos, inclusive su estallido. Es por esto que no me pareció excesivo al presentar este Seminario, escribir que éste, hace ya medio siglo, hablaba de nosotros hoy en día. He aquí el extracto que voy a leer para concluir esta presentación del Seminario 6 en este marco en el que pensé hablar a los lectores de Lacan. Cito las páginas 534-535:

"Si hay una experiencia que debería enseñarnos cuán problemáticas son esas normas sociales, cuánto hay que interrogarlas, qué lejos de su función de adaptación se encuentra su determinación, es la del analista.

En esa experiencia del sujeto lógico que nos es propia, se nos revela una dimensión que siempre está latente, aunque también siempre presente, en toda relación intersubjetiva. Esa dimensión, la del deseo, tiene una relación de interacción, de intercambio, con todo lo que a partir de allí se cristaliza en la estructura social. Si sabemos tenerla en cuenta, debemos arribar, poco más o menos, a la siguiente concepción.

Lo que designo mediante el término cultura –que aprecio poco, incluso nada– es cierta historia del sujeto en su relación con el lógos. Con certeza, esa instancia –la relación con el lógos– permaneció enmascarada a lo largo del tiempo, y en la época en que vivimos es difícil dejar de ver qué brecha representa, a qué distancia se sitúa, con respecto a cierta inercia social. Por esa razón el freudismo existe en nuestra época.

Algo de lo que denominamos cultura pasa por la sociedad. De manera provisoria, podemos definir la relación entre ambas como una relación de entropía, en la medida en que lo que de la cultura pasa por la sociedad siempre incluye alguna función de desagregación.

Lo que en la sociedad se presenta como cultura -y que a diversos títulos entró entonces en cierto número de condiciones estables, latentes también, que determinan los circuitos de los intercambios en el interior del rebaño- instaura en ella un movimiento, una dialéctica, que deja abierta la misma brecha que aquella en cuyo interior situamos la función del deseo. En este sentido, podemos plantear que lo que, en el nivel del sujeto lógico, se produce como perversión refleja la protesta contra lo que el sujeto padece en el nivel de la identificación, en la medida en que esta es la relación que instaura y ordena las normas de la estabilización social de las diferentes funciones. […]

[…] En síntesis, podríamos decir que algo se instaura como un circuito que gira entre, por un lado, el conformismo, o las formas socialmente adecuadas, de la llamada actividad cultural -aquí la expresión se torna excelente para definir todo lo que de la cultura se intercambia y se aliena en la sociedad- y, por otro lado, la perversión, en la medida en que

en el nivel del sujeto lógico representa, mediante una serie de gradaciones, la protesta que, con respecto a la normalización, se eleva en la dimensión del deseo, dado que el deseo es relación del sujeto con su ser."

Es allí que Lacan promete hablar más tarde de la sublimación y será en "La ética del psicoanálisis". Lacan termina diciendo, página 536: La sublimación se sitúa como tal en el nivel del sujeto lógico, donde se instaura y se despliega todo lo que en sentido estricto es trabajo creador dentro del orden del lógos. De allí vienen más o menos a insertarse en la sociedad, vienen más o menos a encontrar su lugar en el nivel social, las actividades culturales, con todas las incidencias y todos los riesgos que conllevan, y hasta la remodelación de los conformismos antes instaurados, e incluso su estallido."

Estamos hoy al 26 de mayo y París está, lo verán a la salida, viviendo en efecto la restructuración de los conformismos anteriores, su explosión, y es precisamente lo que Lacan nos anunciaba ya hace medio siglo. Gracias.

Traducción del francés: Gabriela Pazmiño y Luis Iriarte
Establecimiento del texto: Dalila Arpin y Raquel Cors Ulloa
Revisión del texto: Gabriela Camaly

* Este texto corresponde a la Presentación del Seminario 6, El deseo y su interpretación, de Jacques Lacan realizada por J.-A. Miller en ocasión de su primera publicación, realizada en París el 26 de mayo de 2013. A los pocos días, dicha intervención fue publicada por Latigo nº 1 (1era. parte) y Latigo nº 2 (2da. parte),sin contar aún con la publicación en español de dicho Seminario.
El texto que publicamos aquí es una revisión del anterior y cuenta con las referencias que corresponden a la publicación del Seminario 6 en español.

NOTAS

  1. N. d. T.: Jacques-Alain Miller utiliza en este punto la expresión "un à côté" que en francés significa literalmente «al lado». Se usa para mostrar el carácter accesorio de una cosa, un hecho al margen de otro más importante.
  2. N. d. T.: En francés «point», que significa literalmente «punto», también corresponde a un adverbio de negación.
  3. N. d. T.: Esta referencia corresponde a J. Lacan, "La dirección de la cura y los principios de su poder", en Escritos 2, Siglo Veintiuno, Buenos Aires, 2010, página 609.
XXVI Jornadas Anuales de la EOL

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